Un caparazón para el gran viaje

Escala a la orilla del Nilo

Sarcófago de Abu Roash

Como egipcio de la Antigüedad, creerías en la vida eterna en el más allá y en la conservación del cuerpo después de la muerte. Como en el viaje cíclico del sol, el renacer de todas las mañanas del que los egipcios querían formar parte, había que proteger el cuerpo del muerto para que resistiera el viaje al más allá y rodearlo de todo lo que fuera a necesitar en el otro mundo. Así, antes de dejarlo en su tumba, el cadáver se metía en un ataúd que a su vez se colocaba en un sarcófago de madera, o de piedra en el caso de los más ricos, en ocasiones bañado en oro y con incrustaciones de pasta de vidrio. El sarcófago era un receptáculo con una tapa que a veces imitaba la forma del cuerpo. Para los egipcios, evocaba una barca, el vehículo predilecto para los viajes. En cuanto al exterior del sarcófago, estaba ricamente decorado con escenas de la vida del difunto que permiten descubrir muchas cosas sobre él.

El sarcófago más antiguo del Louvre

El sarcófago de Abu Roash imita una fachada de palacio, una auténtica morada de lujo reducida para un personaje muy importante. Los arqueólogos creen que, para haber merecido un monumento funerario de piedra de este tipo, debía de tratarse de un allegado del rey.